Más de 748 millones de intentos de ciberataques afectaron a organizaciones en Perú durante los primeros meses del año, de acuerdo con el reporte oficial de la empresa de inteligencia artificial FortiGuard Labs. El documento señala que los sectores de finanzas, energía, minería y manufactura presentan la mayor vulnerabilidad, a causa del volumen crítico de información que procesan y de su interconexión constante. Frente a este panorama de riesgo, diversas entidades privadas y públicas implementan pruebas de penetración (pentesting) orientadas a localizar brechas operativas antes del ingreso de actores criminales.
¿Por qué el hacking ético gana terreno en el sector corporativo?
La adopción de evaluaciones preventivas dejó de ser un mecanismo exclusivo del rubro bancario para convertirse en un estándar operativo transversal. «El hacking ético ya no es una práctica exclusiva de bancos o grandes corporaciones. Cualquier empresa que maneje información de clientes, procesos digitales o infraestructura conectada a internet es un blanco potencial, y el pentesting es una de las formas más efectivas de anticiparse antes de que ocurra un incidente real», señala Iván Goicochea, CEO de Xpartans, firma especializada en seguridad digital corporativa.
Tanto las pequeñas entidades como los grandes consorcios enfrentan riesgos reputacionales severos en caso de filtraciones. A diferencia de una intrusión delictiva, el procedimiento de ethical hacking constituye una acción legal, programada y formalmente autorizada por la administración, cuyo propósito técnico radica en reconocer las vulnerabilidades del sistema.
¿Cuáles son las etapas de una prueba de penetración controlada?
El protocolo preventivo sigue cinco etapas estructuradas que garantizan la continuidad de las operaciones del negocio:
- Reconocimiento y recopilación de información: Los auditores inspeccionan servidores, aplicaciones, redes y dispositivos para ubicar posibles vectores de entrada.
- Simulación controlada del ataque: Mediante el permiso formal de la compañía, se ejecutan maniobras de intrusión sin poner en peligro los datos institucionales.
- Identificación de vulnerabilidades reales: El diagnóstico halla configuraciones débiles, accesos sin autenticar y fisuras de software antes de que terceros las aprovechen.
- Reporte y plan de remediación: La gerencia recibe un balance detallado con la categorización de los riesgos y las pautas para su corrección.
- Cumplimiento normativo: La ejecución asegura la concordancia con la Ley de Delitos Informáticos (Ley N.° 30096) —la cual exige consentimiento escrito del titular— y con la Ley de Protección de Datos Personales.
¿Qué retorno genera la prevención frente a un ciberataque?
El desembolso destinado a la evaluación defensiva representa una inversión financiera estratégica y evita gastos desmedidos en contingencias reactivas. «Detectar una vulnerabilidad a tiempo cuesta muchísimo menos que enfrentar un ciberataque real, tanto en términos económicos como reputacionales. El objetivo es que las empresas dejen de reaccionar ante los incidentes y empiecen a anticiparse a ellos», concluye Goicochea.
Con operaciones en Latinoamérica y Europa, Xpartans asiste a diversas compañías en la mitigación del riesgo digital mediante servicios de supervisión continua, blindaje de aplicaciones y respuesta ante incidentes. En el entorno peruano actual, el portafolio de la marca ayuda a conservar la estabilidad tecnológica y afianzar la continuidad de las operaciones. En ese sentido, Xpartans promueve la transición hacia esquemas proactivos donde el diagnóstico preventivo neutraliza el avance de la delincuencia informática.








